Adopción

La adopción es la solución al problema del abandono sufrido por muchos niños, pero el amor  siempre ha sido, es y será la mejor terapia para estos niños.

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¿MADRES HAY SOLO UNA? NO!! PUEDE HABER DOS

Hay una frase muy conocida que dice que "madre sólo hay una". Cuánto daño hace esto a los niños adoptados. Para ellos esta frase tan redicha es vivida con dolor porque para ellos madres hay solo dos. El otro dia me hija me decía que no me enfadara porque ella sintiera amor por su madre y todo lo contrario, le dije que yo también la quería porque esa madre me dio lo que yo más quiero en esta vida. No voy a negar que si sentí una punzadita de dolor, pero no me da la gana sentire eso tan feo dentro de mi. Mi hija fue parida por una madre y criada por otra y las cuentas salen bien claras: Mi hija tiene dos madres. 

Mi contestación fue que mi mayor deseo es ir en busca de esa madre cuando ella se sienta preparada y pueda mantener una relación de amor bonita y enriquecedora. Es mi deseo pero también mi temor porque si eso no es así se que mi hija va a sufrir y yo con ella. Yo también pienso mucho en esa madre, el dolor que supuso no poder criar a su hija, y no me siento en condiciones de juzgar su acto como tampoco puedo sentir ningún sentimiento negativo. Ni puedo ni debo. Ser madre adoptiva tiene aparejado esa condición: "aceptar al hijo con todas sus circunstancias". 

En realidad sólo siento agradecimiento por haberme dado la hija que yo tanto deseaba y no podía parir. Con mis amigas hablabámos un día de la maternidad subrogada y la mayoría decía que le sería imposible separarse de un hijo que has llevado durante nueve meses, pero hubo una amiga que decía que ella si sería capaz de albergar en su ser el hijo de otra madre. Le parecía un acto de generosidad maravillosa  y un don de la naturaleza que ella pondría al servicio de otra persona que no pudiera. Esa amiga sería una buena candidata para ser madre gestante y ella no se sentía  mal por ello. Lo haría por amor. 

Las posiblidades del ser humano para hacer el bien son infinitas. Mas que para hacer el mal sólo que el bien no suele ser tan visible como el mal. Yo soy madre adoptiva por amor, quería una hija mayor no un bebé pero respeto a quien tiene esa necesidad y respeto y admiro profundamente tanto a las madres biológicas que no pueden hacerse cargo de sus hijos como a las madres gestantes que ofrecen un don personal para hacer felices a otras personas. 

El amor siempre suma, nunca resta, por eso madres, claro que pueden ser dos. 

 

 

Cuido de mi

LA ADOLESCENCIA EN NIÑOS ADOPTADOS POR MONTSE LAPASTORA

La adolescencia de los/as adoptados/as, un reto a las familias adoptivas, por Montse Lapastora Navarro, psicóloga clínica y psicoterapeuta.

 
Diez meses, diez firmas II
 
Invitada del mes de diciembre de 2016:
 
Montse Lapastora Navarro, psicóloga clínica.
 
 
 
Título del artículo: La adolescencia de los/as adoptados/as, un reto a las familias adoptivas
 
 
La cuarta firma invitada del curso (y última del año) corresponde a Montse Lapastora Navarro, psicóloga y psicoterapeuta infantil y adultos, consultora EMDR y especialista en trauma temprano y trastornos del apego, lleva más de veinte años dedicada al ámbito de la adopción. Experta en este campo, dirige un centro en Madrid llamado Psicoveritas, formado por varias especialistas, donde atienden integralmente y mediante diversas terapias, a los menores (y sus familias) afectados por el impacto que el trauma temprano tiene en el establecimiento del vínculo de apego y en el desarrollo. Ha publicado diversos artículos sobre el tema, y también es co-autora de un libro titulado “Niños adoptados”. Trabaja además como formadora de familias y profesionales. Pocas personas tienen la pasión y la excelencia profesional como metas en su vida. Montse es una de esas personas, siempre formándose y tratando de ofrecer a sus pacientes las terapias más innovadoras, situándose a la vanguardia. Cuando nos conocimos, me impresionó el amplio bagaje de conocimientos y experiencia que Montse atesora. Por todo ello, me ha parecido que debía de formar parte del elenco de profesionales que han participado como firma invitada en Buenos tratos. Y lo hace escribiendo sobre un tema que no se ha tratado en el blog, no al menos específicamente y dándole un lugar central: me refiero a la adolescencia y la adopción. Montse nos regala un artículo donde demuestra su competencia en el ámbito y además, nos ofrece unas cuantas orientaciones muy útiles para los menores adoptados y, en suma, para todos/as en la delicada etapa de la adolescencia. 
 
 
Montse Lapastora Navarro. Licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid. Psicóloga Especialista en Psicología Clínica. Experta en adopción. Clínico en EMDR (Eye Movement Desensitization and Reprocessing): Certificado Europeo de Clínico en EMDR (Practitioner in EMDR). Actualmente trabaja y dirige el centro de psicoterapia Psicoveritas, en Madrid. Forma parte del Servicio de Apoyo Postadoptivo a las Familias de la Comunidad de Madrid y participa en diferentes investigaciones sobre adopción.
 
Es en esta etapa donde la estructura psíquica se recoloca para dar paso a la identidad adulta. Uno de los retos más importantes a los que van a tener que enfrentarse todas las familias, es a la crisis de identidad por la que pasarán sus hijos, como todos los adolescentes cuando lleguen a esta etapa evolutiva, pero en la adolescencia adoptiva además deberán enfrentarse a algunos añadidos.
 
Este proceso de formación de la identidad es muy importante, y aunque aquí ya se ha hablado, voy a hacer un rápido repaso, para explicar cómo algunas características de los adolescentes adoptados se ven influenciadas por su historia adoptiva en la reconstrucción de su identidad y cómo sus padres pueden acompañarles en esa reconstrucción.
 
La identidad es como el muro que nos sostiene, y cada ladrillo representa partes de nuestra vida. En la base del muro está el primer año de vida, el más importante en nuestro desarrollo, y por encima estarían el segundo y tercer año, que si no son tan importantes, son fundamentales en la vida de todo ser humano. Estos tres años estarían constituidos por los ladrillos más sólidos que constituyen la base de la identidad futura de las personas y por encima de ella estarían todos los demás, que representan todas las experiencias, emociones, sensaciones, etc. por las que pasamos en la vida y que van conformando nuestra personalidad. En el muro encontraríamos las respuestas a las preguntas de ¿Quién soy?, ¿De dónde vengo? y ¿A dónde voy?
 
Imaginémonos por un momento la formación de la identidad de un niño adoptado. En ese muro hay muchas preguntas sin respuesta, ya hay muchos agujeros que van a hacer que su seguridad sea menos consistente. Dependiendo de sus circunstancias los ladrillos que le sustentan estarán dañados en un mayor o menor grado y esto repercutirá en su manera de constituir su personalidad, y como veremos más tarde, las características de la adolescencia se verán influenciadas por ellas. 
 
El reto de los padres va a consistir en ayudarles a reparar esos ladrillos dañados, es decir, en ayudarles a rellenar los agujeros vacíos que hay en el muro, o dicho de otra manera, en acompañarles en la búsqueda de sus orígenes que es algo que está intrínsecamente relacionado con la construcción y reconstrucción de la identidad y con el proceso de revelación.
 
A lo largo de su vida, el niño llegará a la adolescencia con un camino recorrido en la búsqueda de sus orígenes que a lo largo de las diferentes edades habrá expresado de diferentes maneras y en la que sus padres le habrán acompañado de distintas formas.
 
Y en ese camino de acompañamiento, los hijos van a necesitar el apoyo de los padres, tanto para cuando encuentre respuestas como para cuando no las encuentre y para ayudarle a expresar sus sentimientos de rabia, de tristeza o de cualquier otro tipo; porque está claro que no va encontrar respuestas a todas sus preguntas, pero si se siente comprendido por sus padres, siente que ellos aceptan y respetan sus emociones, no podrá rellenar un hueco con un dato determinado, pero parte de su vacío emocional puede verse reparado por ese sostén de sus padres.
 
Volviendo al muro, en la construcción de ese muro sus padres pueden estar a su lado poniendo cemento, ayudándole a reconstruir las partes dañadas para que ese muro quede reparado de la mejor forma posible. ¿Y cómo se hace esto? ¿Cuál es el cemento más adecuado para rellenar las grietas? 
 
Pues bien, mi experiencia me dice que el mejor cemento es la empatía que acompaña la transmisión de los orígenes. Doy por sentado que siempre se dice la verdad.
 
Con esto no me refiero al hecho de transmitir todos los datos que se tengan del pasado del hijo en el momento adecuado, que es muy importante, o a reflejar el sentimiento de tristeza o cualquier otro que el niño pueda manifestar ante algún dato o acontecimiento relacionado con su pasado, que también lo es, me refiero a la comprensión profunda de lo que significa para su hijo el deseo de saber sobre sus orígenes, de entender lo importante que es para él todo lo relacionado con su historia previa.
 
QUÉ RETOS DEBEN SUPERAR LOS PADRES 
 
Lo primero sería superar su historia de infertilidad. Si no lo han hecho, ante las dificultades no se sentirán auténticos padres, si han estado pensando, de manera inconsciente, que la auténtica vinculación es la biológica pueden enfrentarse a una situación de desencuentro con sus hijos. Si los padres no han resuelto sus duelos difícilmente podrán ayudar a su hijo a resolver los suyos.
 
Su temor a que les dejen si conocen a la familia biológica. Si este temor está subyacente no harán una transmisión ni comprensión empática de los orígenes.
 
Por otro lado si ante la separación normal y de reafirmación del adolescente los padres temen que les abandone, reaccionarán con distancia emocional y de esta manera confirmarán el temor al rechazo del hijo, este lo interpretará pensando “es verdad que mis padres no me quieren” y esto lo único que favorece es el desencuentro.
 
Los padres tienen que entender que el “saber” no significa sustituir, los únicos padres son ellos. Buscar los orígenes significa encontrar dentro, no salir fuera.
 
No todo depende de los padres. Cada persona es el resultado de lo bio + psico + social y en el caso de los niños adoptados podríamos especificar un poco más:
 
 
Carga genética + vida pre adoptiva + vida postadoptiva
 
Si hay desencuentro, hay alternativas. A veces es necesaria la separación, cuando la convivencia es imposible, para adquirir la distancia emocional suficiente que pueda permitir establecer los vínculos de una forma diferente.
 
Pero además de la búsqueda de orígenes, hay otras características adolescentes que también estarán determinadas por esos primeros meses o años preadoptivos y que si se enfrentan con una actitud empática se afrontarán y se resolverán mejor.
 
Voy a intentar hablar de los ladrillos dañados en la construcción de la identidad y las consecuencias en la adolescencia:
 
La genética 
 
Los cambios corporales, el adolescente no tiene referentes con los que compararse, no dispone de un espejo en el que pueda mirarse y esto le genera inseguridad y puede generarle dudas sobre la pertenencia familiar, sobre todo si es de otra etnia, ya que en esta etapa se acentúan los rasgos específicos de la raza. Esto puede hacer que el chaval se rechace, no olvidemos la importancia actual del culto al cuerpo y la necesidad del adolescente de ser igual al grupo de pertenencia de sus iguales. (Ejemplo, la estatura en latinoamericanos)
 
Los padres: Reforzar las características psicológicas e intereses parecidos entre padres e hijos y otros miembros familiares (sonríes como tu madre, eres tan alegre como tu abuelo)
 
Vuelve a pensar en su familia biológica, ¿cómo será?, ¿Cómo hubiera sido su vida con ellos? Le surgen temores de parecerse a ellos (drogas, prostitución). En esta etapa se preguntará con más fuerza por qué le abandonaron, se planteará qué había de malo en él para que sus padres le abandonaran y surgirán sentimientos de rabia y de tristeza y esto hará que en muchas ocasiones su comportamiento sea agresivo y alterado y su autoestima sufra un nuevo envite. 
 
En este momento buscará sus orígenes con más o menos intensidad. Es importante que los padres diferencien lo que es una búsqueda activa de la búsqueda psicológica, el adolescente no está buscando otros padres, ya tiene unos, lo que busca es integrar en él esas dos partes de sí mismo separadas, construir una identidad única. 
 
Aquí el adolescente tiene que elaborar un duelo añadido, el duelo por los padres biológicos.
 
Duelo por los padres biológicos
 
El adolescente adoptado tendrá que renunciar a esos padres biológicos que no ha conocido o que lo ha hecho parcialmente, y de los que guarda recuerdos incompletos o imágenes difusas y con los que ha fantaseado a lo largo de su vida. Freud habla de que todos, en un momento determinado de nuestra vida hemos fantaseado con esa otra familia imaginaria, con la familia ideal que nos hubiera gustado tener, pero en el adolescente adoptado esa “otra familia” existe en la realidad, es su familia biológica. 
 
Respecto a ella habrá generado fantasías positivas o negativas con las que habrá tratado de cubrir los huecos vacíos sobre sus orígenes y también habrá pretendido amortiguar el dolor de su abandono idealizando o descalificando a sus progenitores. 
 
Por eso es importante que a lo largo de toda la infancia, los padres respondan con la verdad a todas sus preguntas, para que la fantasía ocupe el menor espacio posible. Si se hace de esta forma, no sólo se facilita la elaboración y asimilación del abandono sino que los vínculos con los padres adoptivos se refuerzan y se propicia un reencuentro del adolescente con su familia una vez pasada la crisis. 
 
Si la revelación se ha teñido de silencios, mentiras o de medias verdades, las fantasías del adolescente sobre sus padres biológicos pueden tomar fuerza y al sentirse engañados por sus padres adoptivos pueden ir en busca de los biológicos, pero no como la fase final de una búsqueda de sí mismo sino como el desencuentro provocado por la pérdida de confianza en ellos. En algunas ocasiones es la falsa esperanza o la fantasía actuada de encontrar en “los otros” lo que no ha encontrado en los suyos.
 
Silencio adolescente
 
Es importante que los padres respeten sus sentimientos, que estén ahí para apoyarles, pero que si el adolescente desea mantenerse al margen es mejor dejarle. En este sentido habría que diferenciar varias actitudes, por un lado estaría el silencio del adolescente marcado por su deseo de intimidad, por otro está la falta de respuestas que encuentra ante sus dudas; en muchas los padres interpretan que, como el tema de la adopción es algo que ya han hablado muchas veces, su hijo ya lo tiene todo claro, piensan que sus dudas están resueltas, y no es así. Como hemos visto antes sus preguntas son mucho más profundas y su manera de preguntar es otra. El silencio también determinado por el temor a hacer daño a los padres manifestando interés por su familia biológica.
 
Céline Giraud, una mujer joven adoptada en Francia y nacida en Perú cuenta en su historia que ella tenía todo el apoyo de sus padres, pero que prefirió estar sola a la hora de buscar los interrogantes de su familia biológica, sentía que sus padres podían sentirse heridos y desplazados por su preocupación a pesar de su ofrecimiento de ayuda.
 
Cècile Fevrier, también cuenta que su madre la ofreció a los 12 años leer juntas los papeles de su adopción y que ella dijo que no, pero que cuando su madre salía por la puerta, esquilmaba con vehemencia todos los documentos relativos a su historia. Cècile refiere que lo hacía así para evitar dañarla.
 
Ambas mujeres se sintieron muy aliviadas cuando al final decidieron compartir con sus padres sus inquietudes respecto de sus familias biológicas.
 
Vemos que a pesar del ofrecimiento de sus padres, ambas mujeres tenían miedo de dañarles, a pesar de que ellos se habían ofrecido a estar a su lado. Quizá hasta que no se sintieron preparadas para compartir sus sentimientos, prefirieron estar solas y sus padres supieron comprenderlo y respetarlo, pero siempre les dejaron claro que estaban a su lado para cuando los necesitaran. Sus actitudes empáticas hicieron que sus hijas se apoyaran en ellos cuando estuvieron preparadas para enfrentarse a sus historias.
 
Otro duelo diferente al que se tienen que enfrentar los adolescentes de otra raza es al de renunciar a la intimidad de su condición de adoptados. También Cèline cuenta que cuando veían que sus padres eran blancos y ella morena, las preguntas no paraban, ya no era aclarar que era adoptada sino todo lo que venía después, ¿y tu verdadera madre?, ¿y tienes hermanos? Y eso era algo que ella no podía evitar y con lo que tenía que enfrentarse muy a menudo.
 
Abandono
 
El adolescente cuyo punto de partida son las carencias afectivas, no tiene los mismos recursos psicológicos de base para aguantar situaciones que para otros niños pueden ser menos complicadas.
 
Por muy pequeño que haya sido abandonado un bebé, la experiencia de abandono queda registrada en su psiquismo, esa sensación de vacío será evocada por múltiples situaciones sin que él mismo sepa qué le está pasando, y lo único que sienta es malestar, y eso le genera una inseguridad que muchas veces le hace conectar con ese vacío y lo que vemos es su forma de responder con agresividad y rabia. 
 
Pensemos en su poca resistencia a la frustración:
 
Por un lado cuando un bebé tiene hambre, llora, su madre le da el biberón y se calma. En la siguiente situación que tenga hambre ocurre lo mismo, y poco a poco, el bebé va incorporando a esa mamá dentro de sí y aprende a confiar en que su mamá (o figura referencial) le dará la comida, aprende a confiar en el otro y en sí mismo, aprende que esa sensación de incomodidad se convierte en bienestar y aunque se demore, aprende a esperar porque sabe que su mamá aparecerá y le calmará. Ese bebé adquirirá seguridad en sí mismo y en los demás, y así mismo aprenderá a postergar su deseo, a esperar la satisfacción de su necesidad. Pero a un niño al que no han calmado sus necesidades de forma adecuada, al que no han respondido a su llanto, no aprende a confiar, simplemente deja de llorar porque el llanto no es operativo, pero crecerá con una sensación continua de incertidumbre e inseguridad hacía sí mismo y hacía los demás. No tendrá la confianza de que su malestar se convierta en bienestar y ante la mínima dificultad sentirá ese vacío primario.
 
Todos nosotros disponemos de un almacén psicológico de recuerdos agradables que se activa ante múltiples circunstancias. Por ejemplo, cuando vamos andando y nos cruzamos con alguien cuyo olor nos recuerda a nuestra infancia o vemos una imagen que nos sugiere a alguien querido, ese almacén de recuerdos agradables se activa haciendo que asociemos el olor a la infancia y la imagen al ser querido. 
 
Pero en el psiquismo del bebé que ha sufrido carencias quedan grabadas muchas situaciones asociadas al vacío del abandono, al malestar, es como si el almacén del bebé estuviera ocupado principalmente por sensaciones desagradables que también se activan con facilidad y que el adolescente actúa en conductas externalizadas. Por ejemplo ante una mirada o un empujón sin intención puede reaccionar con violencia porque se activa la sensación de malestar, el temor al rechazo, al vacío, en definitiva se evocaría esa sensación primaria de abandono y la soledad.
 
Por otro lado, en la adolescencia se adoptan actitudes muy regresivas, muy infantiles.
 
Esta actitud infantil unida a ese vacío y déficit en el aprendizaje de postergar el deseo hacen que tengan muchas dificultades en manejar la resistencia a la frustración.
 
Muy relacionado con esta falta de cubrir sus necesidades básicas estarían las consecuencias derivadas de los problemas de un apego mal establecido que aparecen en los adolescentes como dificultad en manejar conceptos de espacio y tiempo, falta de autocontrol e impulsividad y dificultad en manejar y expresar sentimientos.
 
En esa falta de satisfacción de necesidades que veíamos antes, cuando la figura referencial no calma al bebé, éste genera un patrón de relación con su madre basado en sentimientos de angustia, odio, apego paradójico, abandono, etc que quedan instaurados en su psiquismo.
 
En el establecimiento del apego se asientan las bases de las futuras relaciones emocionales y al llegar a la adolescencia se da una regresión a estados emocionales tempranos de relación que es inevitable y necesaria, para poder transformar toda experiencia pasada en un nuevo concepto de sí.
 
Pero en el adolescente que tiene problemas de apego esta regresión se produce con mucha más intensidad y aquellos modelos de relación tempranos basados en la angustia, el odio y el temor se ponen de manifiesto repitiéndose con mucha más fuerza y se proyectan sobre los padres adoptivos, las emociones pasadas se superponen a las actuales y pueden provocar las características mencionadas más arriba. 
 
La agresividad
 
Es otra de las características de los adolescentes y debajo de ella puede haber varias explicaciones (con el abandono siempre de fondo)
 
Por un lado estaría el trastorno del apego como acabamos de ver, por otro lado puede haber una necesidad de reafirmar del vínculo parental. Además de la necesaria oposición parental para separarse de una forma sana, algunos adolescentes adoptados necesitan enfrentarse a sus padres para comprobar que les siguen queriendo, ahora que desde su plena comprensión cognitiva saben lo que significa el abandono, necesitan verificar que sus padres quieren seguir siéndolo, es como si pidieran que le adoptaran de nuevo.
 
En este punto si los padres han entendido los actos de autonomía del hijo como una forma de alejarse de ellos, y en su fuero interno han seguido considerando que la vinculación más fuerte y auténtica es la biológica, es probable que este sea un momento de desencuentro.
 
Si por el contrario, aguantan la embestida, reafirman el vínculo, están convencidos de que su vínculo es auténtico y no tienen miedo a que su hijo les abandone, este será un momento de crisis, duro pero pasajero con un reencuentro definitivo.
 
A veces cuando los niños que han sufrido maltrato, al llegar a la adolescencia, en este estado emocional en el que se les moviliza todo su mundo interno, se reactiva el dolor y las heridas abiertas, y puede darse una identificación con el agresor en la que sienten una atracción por todo lo que implique violencia (Juegos, videojuegos, películas). Y pueden unirse a otros adolescentes violentos (pandillas o bandas)
 
En estos casos son muy difíciles de controlar, casi todo falla. Hay riesgo de desencuentro.
 
Aquí también es importante la actitud empática de los padres, yo sé que es mucho más difícil ser empático con la agresividad que con la tristeza, pero debajo de tanta rabia muchas veces hay verdadero sufrimiento. Si se puede habría que intentar ayuda profesional.
 
Otra característica, consecuencia de las carencias físicas y afectivas es la inmadurez emocional. Al no haber pasado por todas las etapas evolutivas con normalidad, su desarrollo puede tener déficit en algunos niveles, en el madurativo, en el cognitivo y en consecuencia en el aprendizaje. No se le puede exigir a un adolescente que ha podido sufrir elementos teratótegos en el embarazo de la madre, que no ha sido bien alimentado, que no le han enseñado a querer y que no ha tenido una estimulación adecuada, que tenga el mismo desarrollo cognitivo que otro adolescente de su edad sin ningún tipo de carencia.
 
Probablemente el primero puede tener dificultades de concentración, atención y de rendimiento de lenguaje, etc.
 
Dificultades de relación
 
Problemas de autoestima.
 
CÓMO AYUDAR AL ADOLESCENTE
 
Desde el primer día decirle toda la verdad sobre su historia con empatía.
 
En esta etapa animarle a que exprese todas sus fantasías e intentar desmontarlas.
 
Validar y empatizar con sus sentimientos ambivalentes.
 
Adoptar una actitud de respeto y disponibilidad. 
Apoyar sin agobiar. Que su hijo sepa que usted está ahí para cuando le necesite.
 
Decirle abiertamente que le quiere, sin pudor, aunque le responda que es una cursi o un pesado siempre le gustará (y necesitará) oírlo.
 
Escucharle sin juzgar ni hacer suposiciones.
 
No diga nada que no pueda cumplir.
Intente compaginar afecto incondicional con firmeza.
 
Transmítale que por el amor que le tiene no le va a permitir conductas peligrosas.
 
A pesar de sus errores, trasmítale que confía en él y que confíe en usted. No es el momento de pedir agradecimiento ni del “te lo dije, te lo dije”
 
Refuerce cualquier logro por pequeño que sea.
 
No le recrimine continuamente por sus errores.
 
Enséñele a ver sus aspectos positivos y a aceptar los negativos.
 
Todo ello siempre aderezado con una buena dosis de empatía.
 

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ANGEL O DEMONIO POR MONTSE LA PASTORA

DE ÁNGEL A DEMONIO. Por Montse Lapastora

PORQUE LOS NIÑOS ADOPTADOS A VECES NO SIENTEN EL DOLOR: LA DISOCIACIÓN

 

Estos comportamientos pueden explicarse desde la disociación, un mecanismo de defensa que se puede poner en marcha cuando el entorno es muy amenazante u hostil. Consiste en la desconexión entre mente y cuerpo y/o mente y entorno.

Existe una disociación o estados disociativos normales que son aquellos en que los niños o los adultos están muy concentrados en una tarea y no atienden cuando les llamamos, cuando por ejemplo están viendo su programa favorito o jugando con la videoconsola.
En estas situaciones no hay desconexión ni deterioro para la vida cotidiana.

Cuando un niño está sometido a una situación de mucho sufrimiento, que le aterroriza o que le hace temer por su vida y no dispone de un adulto que le proteja ni de recursos para enfrentarse, la disociación puede ser una manera de afrontar dicha situación amenazante. Imaginemos un niño de cuatro meses solo en una cuna en un orfanato, al que le duele mucho la tripa; el bebé llorará para que le atiendan y al no obtener respuesta ni consuelo llorará con más desesperación y gritará con todas sus fuerzas en un intento de conseguir que alguien le calme, al no conseguirlo llegará un momento en el que la única manera que tiene de salir de esa terrible situación es desconectándose, (disociando) de su memoria esas sensaciones negativas, de dolor y malestar. Es como si bloqueara sus sensaciones y percepciones y entrada en un estado en el que es incapaz de sentir esas sensaciones u otras similares.

Esta estrategia un mecanismo de defensa de bloqueo (disociación) que le sirve para defenderse de unas situaciones muy dolorosas y amenazantes, al repetirse en diferentes ocasiones queda instalada en su psiquismo y puede aparecer en otras circunstancias, aunque estas ya no sean amenazantes, simplemente pueden evocarle o recordarle algo relacionado con aquella sensación original que le causaba tanto dolor y malestar, puede ser un roce, una sensación interna o cualquier otro estímulo. Después de esto veríamos al bebé con la mirada fija, perdida en el vacío, como si estuviera “ido”. Esto es lo que explica por qué muchas veces los niños tienen caídas fuertes, se rompen un hueso y manifiestan que no les duele, realmente no sienten el dolor porque lo tienen bloqueado.

Estos estados ausentes también interfieren en su desarrollo normal porque les impiden centrarse y concentrarse en su ambiente escolar. Escuchamos en múltiples ocasiones las quejas de profesores sobre la falta de atención y concentración de estos niños, los padres nos cuentan que un día retienen perfectamente un tema y al día siguiente son incapaces de mantener la atención. A veces pueden diagnosticarles comoTDA, pero lo que les ocurre es que tienen momentos de desconexión que no pueden controlar.

Cuando el entorno de un niño es muy aterrador, la manera de huir de él es separar su consciencia de lo que estaba pasando, el niño aprende a hacer que lo que está pasando a su alrededor no es real, y así puede soportarlo, a esto se le llama desrealización.

Imaginemos un niño de tres años que ve como golpean a su madre, oye gritos y ruidos amenazantes. Éste niño consigue separar su conciencia de su entorno pero más adelante puede ocurrirle que cuando algo le recuerde aquella sensación original de temor, por ejemplo si la profesora le grita, sienta que es entorno no es real, perciba que lo que le está pasando es “raro”.

Despersonalización

Otra forma de disociación es la despersonalización que se puede producir cuando niño ha estado sometido a maltrato físico, abusos sexuales o intervenciones médicas dolorosas. El niño aprende a separarse de su cuerpo para no sentir el dolor. Esta disociación puede afectar al sentido del oído, la vista, y el gusto, lo que puede interferir negativamente en el curso del aprendizaje escolar.

 

Es muy frecuente en los niños adoptados que no tengan sensación de frío o calor, que no sientan dolor ante las heridas o caídas. Muchas veces los médicos de urgencias se sorprenden de que vayan con una muñeca rota o un tímpano perforado y apenas se hayan quejado.

En otras ocasiones, la situación ante la que tiene que huir es tan terrible que la única forma posible de hacerlo es que una parte del niño se haga cargo de esos pensamientos, sensaciones y recuerdos horribles. Es como si dentro del niño hubiera otra parte que encierra todo ese material horrible del que está desconectado. Ésa sería una parte disociada. El niño siente que dentro de él hay una o más partes, si le preguntamos puede decir que dentro de él hay un Iván enfadado y otro pequeñito. Esto va hacer que se comporte de forma diferente, un día podemos ver a un Iván totalmente cariñoso y al rato siguiente a un Iván arisco y despegado.

Las partes disociativas  son las que están implicadas en esos cambios de comportamiento y en esas conductas que tanto sorprenden en algunos niños adoptados, lo que muchos padres refieren como: “parece Dr. Jeckyll y Mr. Hyde”, “hoy sabe hacer una cosa y mañana la olvida”, “miente y roba y no sabe por qué”, y verdaderamente no lo sabe. Todo esto provoca una alteración de su identidad y muchos problemas en casa, en la escuela y en las relaciones sociales. 

Algunas causas que pueden generar disociación relacionadas con los niños adoptados son:

Maltrato físico y/o psicológico y abuso sexual.

Negligencia crónica.

Ser testigo de violencia familiar o callejera.

Ser cuidado por padres que lo aterrorizan o que están aterrorizados.

Heridas físicas, condiciones y procedimientos médicos.

Estar o ser testigo en un desastre natural (terremotos, inundaciones).

Separación repetida de la persona que le cuida y que le da soporte emocional.

Algunas de las maneras en las que se puede reconocer cuando hay disociación:

En ocasiones puede autolesionarse (a veces se hace cortes, se arranca el pelo).

Pasar de comportamientos crueles a compasivos, de actitudes maduras a muy infantiles.

No muestra sentimientos.

No recuerda haber hecho algo aunque alguien le haya visto haciéndolo.

Se queda ausente sin que sepa qué ha pasado en ese rato.

Cuando está muy agresivo o enfadado su mirada está ausente.

Dolores físicos no justificables por el médico.

Tiene un amigo interno especial que va a todas partes con él (y que le habla y muchas veces le dice que tiene que hacer u opina sobre lo que ha hecho).

Cambios en los gustos de ropa y comidas en breves periodos de tiempo (hoy me gusta y mañana no).

Cambios frecuentes de humor de los que no es consciente.

Pasa de la risa al llanto sin motivo que lo justifique.

Incongruencia entre lo que expresa y lo que siente (se ríe cuando está contando algo triste).

Un día es capaz de realizar correctamente una tarea y al siguiente no sabe hacerla.

Siente miedo ante situaciones que no lo provocan y se siente seguro ante situaciones peligrosas.

Es frecuente que oigan voces dentro o fuera de su cabeza.

Se hace pis o caca encima y no lo nota ni lo huele.

Se hace daño o heridas y no siente apenas dolor.

No tienen por qué darse todos estos síntomas ni con la misma intensidad ni con la misma frecuencia, pero si se observan algunos de ellos podemos pensar que esas conductas o despistes que el niño tiene no las hace porque quiere, sino porque hay un problema de base que tiene tratamiento cuando se acude a un profesional especializado.

 

Autora del libro Niños adoptados. Estrategias para afrontar conductas

 

 

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ACOSO ESCOLAR Y ADOPCIÓN POR MONTSE LA PASTORA

ACOSO ESCOLAR Y ADOPCIÓN POR MONTSE LA PASTORA.

 

Una de las definiciones de acoso escolar o bullying es “agredir o humillar de manera repetida, insultar, divulgar rumores, herir física o emocionalmente e ignorar a alguien”. Estas acciones suelen darse en el patio, al salir de clase, en la ruta escolar, en clase cuando el profesor está de espaldas, en el comedor o en cualquier sitio en el que el niño que molesta no es visto por un adulto. El acoso puede ser de diferentes tipos: verbal, físico, psicológico y social.

Una de las condiciones para que se considere acoso es que la conducta sea repetitiva pero en este sentido me gustaría hacer algunas aclaraciones. Es evidente que los niños discuten y se pelean y que no se puede hacer de eso un conflicto ni una situación de acoso. Pero hay situaciones en las que las características de la víctima hacen que una agresión esporádica sea mucho más dolorosa para ella que para cualquier otra que no esté en su situación, aunque no sea repetitiva.

Me refiero a los niños adoptados que reciben muchos insultos debido a sus diferencias, tanto por ser adoptados como por ser diferentes. Cuando a un niño adoptado le dicen insultos del tipo: “me cago en tu madre/padre” o “eres un hijo de p…” no lo recibe igual que cualquier otro niño en el que no haya ninguna otra madre o padre en su cabeza. En los niños adoptados, rápidamente aparece su madre biológica en su mente, y todo lo que tiene que ver con su abandono. Además de estos hay otros insultos que los niños adoptados escuchan “por lo bajini” como: “tu madre te encontró en un mercadillo” o “vete a la selva y cómprate una madre” o barbaridades parecidas. Podemos entender el dolor y sufrimiento que esto produce y los tipos de reacciones que esto provoca: por un lado puede ocasionar actitudes de encerramiento en sí mismo en el niño/a que lo escucha, tristeza, dolor de tripa o de cabeza, no querer ir al colegio o cualquiera de los síntomas que genera el acoso, o puede provocar ataques de rabia contra el que ha insultado, abalanzándose sobre él, pegándole, chillándole, etc.
¿Qué ocurre aquí? Que al que se ve es al que grita y pega, lo que puede ocasionar que las acciones punitivas de los adultos se centren en él.Quiero hacer resaltar que algunas de las características de los niños adoptados les hacen más vulnerables de ser víctimas de acoso. Según la OMS (2006) algunos factores de riesgo para sufrir acoso son:

 Bajo nivel socioeconómico y educativo; pérdida de empleo.

 Tensión social.*

 Problemas con el funcionamiento de la familia, las relaciones sociales y los sistemas de apoyo.

 Traumas, tales como abuso físico y sexual.

 Pérdidas personales.

 Trastornos mentales, tales como depresión, trastornos de la personalidad, esquizofrenia.

 Alcoholismo y abuso de sustancias.

 Sentimientos de falta de valor o desesperanza.

 Falta de control de los impulsos y comportamientos autodestructivos.

 Baja capacidad para enfrentar problemas. Enfermedad física y dolor crónico.

 Acontecimientos destructivos y violentos, tales como guerras o desastres catastróficos.

*Los que están en negrita son características frecuentes en los niños adoptados.

Como vemos de estos 11 puntos, 6 están en negrita, es decir, muchos de estos niños tienen más de un factor de riesgo para sufrir acoso escolar, en algunos casos los 6 factores señalados concurren en un solo niño. Voy a centrarme en una de las características más frecuentes de los niños adoptados: la baja autoestima.
La mayoría de los niños adoptados tienen integradas una serie de creencias irracionales (no valgo, tengo la culpa, soy malo, merezco cosas malas) que son la base de una autoestima baja. Todo esto hace que su sentimiento de seguridad sea mucho más frágil, más difícil de construir. Imaginémonos que cada uno de nosotros está representado por una casa, que nuestra personalidad e identidad es tan fuerte y segura como los cimientos y los muros que nos sostienen. Podemos ver con claridad que los cimientos de una casa (primeros años de vida) que no han sido construidos con materiales de primera calidad (cuidados de figuras de apego primarias) no sustentarán los muros de la casa con la misma fuerza que aquellos cimientos que han sido construidos con materiales consistentes, por lo tanto los golpes que reciban sus muros (agresiones, insultos, desprecios) no tendrán el mismo impacto en la estructura de la casa.
Como decía más arriba, un “me cago en tu madre” puede ser algo casi anodino para cualquier niño, pero puede ser algo muy destructivo para un niño adoptado, puede ser algo que haga tambalear los muros de su casa.

 

 

 

En la clínica diaria muchos niños me cuentan cómo son insultados reiteradas veces por su condición de adoptados y por ser de raza diferente. Hay niños que se lo dicen a sus padres y otros que no; hay profesores que se enteran y otros que no, hay profesores que toman medidas y otros que no, hay colegios comprometidos con este tipo de realidades y otros que no.

También veo a diario a padres desesperados porque ven el daño que sufren sus hijos por los constantes insultos (“¡Ruso, negro, chino… de mierda!”, “¡tú adoptado, vete a tu país!”) y no encuentran el apoyo suficiente en el profesorado del colegio, consideran dichos insultos como cualquier otro, tachan a las madres de sobreprotectoras, alegan que son “Cosa de niños”, etc. en definitiva, no protegen al niño.

Por eso desde aquí quiero insistir en que el daño que se genera con un mismo insulto no es el mismo, los niños adoptados sufren por doble discriminación, por ser adoptados y por ser diferentes, pero además no tienen la misma seguridad ni los mismos recursos psicológicos que otros niños que no han pasado por un abandono.

Sé que es difícil controlar todas las situaciones de acoso escolar puesto que la mayoría de ellas se dan en el anonimato del agresor, pero todos debemos hacer un esfuerzo, y me consta que se está haciendo por la mayoría de las personas implicadas en dichas situaciones (padres, docentes, cuidadores, directores, etc) para poder frenarlo.

¿Qué podemos hacer para luchar contra el acoso escolar?

En este punto debemos tener en cuenta a los tres actores del acoso: acosado, acosador y espectador. Cuanto más podamos comprender y llegar a ellos, mejor se podrá luchar contra este tipo de actuaciones.

Estrategias para los padres

Comunicación:

En primer lugar los hijos tienen que tener confianza con los padres para poder decirles cualquier cosa que les pase, sea una situación de acoso o de otro tipo, y esto se consigue creando un buen clima de confianza y seguridad desde el primer día. Si el niño tiene miedo a decir que ha suspendido una asignatura, que ha perdido la ropa de fútbol o que le han castigado por hablar en clase, difícilmente se atreverá a decir que fulanito le ha llamado tal o cual cosa por temor a que le regañen o no le crean.

Informar:

Los niños deben saber qué es el acoso escolar y a qué se pueden enfrentar. Igual que debemos prevenirles contra las personas racistas diciéndoles que hay algunas que por su ignorancia, miedo a lo desconocido o sentimiento de inferioridad pueden ofenderles o intentar hacerles sentir mal; de la misma manera que les prevenimos sobre los abusos y les decimos que nadie tiene derecho a tocar su cuerpo haciéndoles sentir incómodos u obligándoles a hacer algo que no quieren; de la misma manera hay que avisarles de que a veces hay compañeros que se portan mal y que pueden insultarles o agredirles por diferentes motivos. Hay que decirles que en estos casos ellos no tienen la culpa de que esos niños se comporten de esa manera, pero que si les ocurre deben decírselo a un adulto de su entorno y a sus padres para que puedan protegerles.

Si los niños saben que esto les puede pasar, serán mucho más resolutivos a la hora de hacerles frente. No se trata de meterles miedo ni de fomentar un ambiente de desconfianza, simplemente de que sepan identificar una situación de acoso cuando la vean o la sufran.

Se les debe informar de que el acoso no es solo agredir físicamente, sino que hay muchas formas de molestar a los demás: insultar, humillar, reírse de los demás, hacer el vacío, rechazar, quitarles el bocadillo, esconder sus cosas, etc. A veces cuando a un niño no le dejan jugar en un grupo reiteradas veces porque otro niño así lo decide, el primero no lo considera acoso, se acostumbra a no jugar hasta que poco a poco se queda solo en el patio.

Cómo informar a un adulto:

Hay que concienciarles de que deben denunciar cualquier situación de acoso pero dándoles la seguridad de que no les va a pasar nada, de que no va a haber represalias contra ellos. Deben informar al adulto, profesor o cuidador de forma discreta, de manera que no se sepa quién ha sido el que ha informado de la acción.

Chivato o soplón:

El poner en conocimiento de un adulto lo que está pasando no es ser un chivato ni un soplón, es un acto de responsabilidad para proteger a aquellos que están en desventaja. El termino soplón o chivato lo utiliza el acosador porque le favorece, utiliza este término despectivo para así continuar en el anonimato y poder seguir ejerciendo sus actitudes acosadoras.

Hablar de la propia experiencia:

A los niños les encanta que los padres les cuenten cosas de cuando eran pequeños. Seguro que todos tienen alguna experiencia de acoso escolar, propia o ajena que compartir con su hijo en la que puedan analizar qué pasó, qué se hizo, qué se pudo hacer, cómo se sintió cada una de las partes implicadas, qué le hubiera gustado hacer.

Observar:

Los niños que están sufriendo acoso pueden manifestar cambios en el comportamiento. Los síntomas que pueden aparecer son: deterioro en el rendimiento académico, tristeza, baja autoestima, alteración del sueño, pérdida de apetito, ansiedad, impotencia por la falta de ayuda, desconfianza hacia los adultos, sentimientos de venganza y en casos extremos se puede llegar al suicidio.

Los niños espectadores pueden manifestar: miedo a que les pase lo mismo, absentismo escolar, pueden normalizar el maltrato y las situaciones injustas hacia otras personas, desconfianza hacia los adultos por no resolver el conflicto de forma adecuada, bajo rendimiento escolar y sentimiento de culpa por no hacer nada.

Si los padres observan cambios en sus hijos deben intentar entender qué está pasando; tener una comunicación frecuente y fluida con los profesores y con los amigos de sus hijos y si ven que estos no aprecian nada a primera vista, no conformarse y seguir investigando. Cuando un niño cambia y manifiesta alguno de esos síntomas, algo está pasando. Y si el niño se siente bien en otros entornos que no sea el de la escuela habrá que insistir en encontrar la causa del malestar.

Denunciar:

En cuanto los padres sospechen que hay una situación en la que su hijo está siendo víctima de acoso, ponerlo en conocimiento del profesor y si la situación no se frena acudir a instancias superiores hasta que se tomen las medidas necesarias. Sé que a veces esto tampoco ha sido suficiente y que se le ha tenido que cambiar de colegio. Esto es una situación triste, pero al niño se le está transmitiendo que luchamos por él, que nos importa, y este es un mensaje muy importante.

Escuchar:

Siempre hay que creer a los niños cuando cuenten que algo les ha pasado, a lo mejor luego comprobamos que la situación no es tan importante como parecía, pero lo primero es escucharles atentamente y creerles. Si lo están contando es porque para ellos tiene importancia y si no se la damos a lo mejor no vuelven a confiar en nosotros la próxima vez.

Cuando pregunto a esos niños que no habían dicho nada a sus padres las respuestas que me daban giraban en torno a las siguientes:

 “El problema no es tan grave”

“Voy a ser el chivato”

 “¿Qué van a hacer mis padres?”

 “¡No me van a creer!”

 “Yo tengo la culpa”

 “No es para tanto”

 “El profe dice que soy una niña mimada”

 “Esto son cosa de chicos. ¿No?”

Por eso es tan importante escuchar y estar atento a cualquier comentario y manifestación.

Enseñar a reflexionar:

Hoy día hay en el mercado cuentos, libros y películas sobre acoso escolar que se pueden utilizar para leer en familia y dotar a los niños y adolescentes de herramientas para defenderse del acoso escolar tanto si se sufre como si se ve. Con los más pequeños se pueden ir leyendo y se les puede pedir que se pongan en el lugar de los diferentes personajes.

Amigos a casa:

Dejar que los amigos de tu hijo/a suban a casa es una manera de prevenir situaciones futuras complicadas. Si lo hacen desde que son pequeños tendrán confianza contigo, si cambian continuamente de amigos sabrás con quien se relaciona, qué tipo de amistades tiene. Esto te dará oportunidades de observar, escuchar y en algún caso poder preguntar a algún amigo qué está pasando cuando veas que algo está ocurriendo.

Cuando nuestro hijo es el acosador:

En este punto también hay que diferenciar el comportamiento entre un niño adoptado y otro que no lo es. Si un niño que no es adoptado agrede a sus compañeros, tendremos que pensar que ha visto y/o aprendido a resolver conflictos de esa manera en su familia. Pensaremos que seguramente no le han tratado bien y habrá que trabajar con él y su familia de forma diferente.

Si un niño adoptado es el agresor también puede ser porque ha sido maltratado en su vida preadoptiva, porque nadie supo tratarle con cariño en sus primeros meses de vida y ahora repite patrones. Si son adoptados mayores, con más de dos o tres años y sufrieron maltrato, pueden estar sacando el daño que les hicieron dañando a los otros. A veces no saben adaptarse a las normas y esto hace que tengan malos comportamientos.

También ocurre que, debido a su falta de resistencia a la frustración, reaccionen de manera exagerada ante cualquier contratiempo. Por ejemplo, un empujón en la fila puede hacer que responda con mucha rabia. En este caso, hay una parte de su cerebro (el córtex) que no ha aprendido a parar el impulso, y su inadecuada respuesta es automática.

Con esto no quiero decir que haya que consentirles cualquier comportamiento, solo que es muy diferente desde dónde se emite y el tratamiento que debe darse a cada uno. Es muy diferente que un niño insulte haciendo referencia al abandono (“¡tu madre te dejó en la calle!) y sabiendo el daño que hace, a otro que empuja porque una de sus funciones cerebrales no le responde correctamente.

 Estrategias para el aula

 

Informar:

Como en el caso de la familia, también en el aula se debe informar de lo que es el acoso escolar. Los niños y chavales de todas las edades deben saber en qué consiste, cuales son los tipos de acoso y cuáles son los recursos de que disponen para defenderse si esto les ocurre.
El profesor deberá transmitir que la responsabilidad es de todos, que aquellos que sean testigos de cualquier tipo de agresión, ofensa, malos gestos, menos precios y  deben comunicarlo. Aunque no estén seguros de que sea acoso, estarán haciendo una buena labor de prevención.

Se debe garantizar el anonimato de quien haga la comunicación y transmitirle que se sienta orgulloso de haber evitado que se dañe a alguien. En cada aula y cada colegio se informará de las vías para hacer saber a los adultos qué está pasando, de forma que el que lo diga se sienta seguro.

Hacer un debate sobre el “chivato”:

Hacerles entender lo beneficioso del silencio para el acosador. Este es alguien muy cobarde, que siempre actúa cuando no se le ve, que elige a víctimas que no se saben defender, y además utiliza a los otros llamándoles chivatos para hacerles cómplices de sus conductas.

Todo esto, a través de un DEBATE EN CLASE, hace que los chavales se comprometan y puede que su miedo a comunicar lo que está pasando a un adulto disminuya.

Ejercicios en el aula:

Se pueden proponer muchos ejercicios en el aula, leer pasaje de cuentos o libros. Que cada uno cuente alguna experiencia de acoso que haya vivido o presenciado. Hacer una representación de acoso escolar en donde los protagonistas adopten los diferentes papeles (víctima, espectador y agresor) y digan cómo se han sentido. Los demás también pueden expresar sus emociones y opiniones y aportar soluciones. Qué hubieran hecho en esa situación.
Con este tipo de ejercicios no solo conseguimos que se pongan en el lugar del otro, haciendo que la empatía haga su efecto, también conseguimos que el grupo se conexione.
Grupos en clase: Se pueden hacer diferentes grupos en clase, de forma que cada uno esté encargado durante una semana de observar cualquier situación de acoso.
Buzón: Instalar un buzón en el aula con la leyenda: “sugerencias”, “mis quejas”, “mi opinión” o cualquier otra que sea consensuada entre profesor y alumnos. Se puede utilizar de diferentes maneras: la más habitual es que cada cual deje su papeleta con su pensamiento, cuando quiera que el profesor se entere de algo.
En una situación en la que el profesor sospeche que se está dando una situación de acoso, puede pedir a todos los alumnos sin excepción, que dejen una nota en el buzón, durante uno o varios días, lo que considere conveniente. En este caso se hará de forma obligatoria y delante del profesor para que los niños no se sientan coaccionados. Al tenerlo que hacer todos los alumnos disminuye el miedo a contar lo que está pasando y el profesor puede obtener mucha información.

 

 

Correo electrónico:

También se les puede pedir a todos los alumnos, de forma obligatoria que manden un correo electrónico al profesor con una o dos frases de lo que ha pasado en el día, se puede pedir que cada uno ponga lo que más le ha gustado del día y lo que menos, con la excusa de ver las diferencias individuales, o con cualquier otra excusa. Esto puede suponer un trabajo extra para el profesor durante un tiempo, pero seguro que la información que obtiene para parar el acoso merece la pena.

Apoyo familiar:

Escuchar a las familias, pues cuando lo hacen, generalmente no es por falta de razón. Ellas son las que mejor conocen a sus hijos y saben cuando sufren y cuando les dicen la verdad y cuando no. Familia, profesores y colegio deben estar unidos y coordinados para poder luchar contra esta lacra que es el acoso escolar.

 

Montse Lapastora.Psicóloga clínica, especialista en adopción, psicoterapeuta EMDR, especialista en trauma por abandono.

Directora de Psicovéritas, Centros de Psicología y Adopción

Autora del libro Niños adoptados. Estrategias para afrontar conductas

 

 

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LA ADOLESCENCIA DEL ERIZO POR MAGDALENA JUAN

LA ADOLESCENCIA DEL ERIZO

 

 

Todos los padres que fueron a Granada para aprender y formarse para entender a sus hijos se llevaron una grata sorpresa con dos grandes profesionales: Montse La Pastora y Vinyent Maribent.  

 

Estas Psicólogas especialistas en adopción nos hicieron recuperar la esperanza que perdemos esos días de nublado dónde ya no vemos más salida que tirar la toalla. No es desde el miedo ó el rechazo como hay que vivir la adolescencia de nuestros hijos adoptados.

 

El resumen que a mí me quedó de las Jornadas es que con los adolescentes en primer lugar hay que tener calma, no vale con querer apaciguar ó domar al cerebro cocodrilo cuando está en plena bomba hormonal pegando bocados a diestro y siniestro. Hay que dejar que se calme él y nos calmemos nosotros primero. Luego ya se hablará y reflexionará, e incluso lo más importante se pedirá perdón. Un modelo valiosísimo para nuestros hijos, la posibilidad de reparar el daño.

 

 En segundo lugar hay que  mantener una distancia de seguridad porque si nos colocamos a corta distancia no podemos poner freno y entonces colisionamos. El objetivo es poder sobrevivir a los ataques de cocodrilo, que no voy a contar en qué consisten porque los padres adoptivos ya saben de sobre qué es y los padres biológicos por mucho que les queramos explicar jamás podrán imaginar a qué nos referimos. Cuando se produce un ataque lo principal es no responder a él para no alimentar la agresividad y provocar el colapso total del adolescentes. Se que esto es muy difícil y que dan ganas de abofetearlo pero igual que a un niño de 3 años en plena rabieta se le sujeta, al adolescente hay que sujetarlo ó bien con nuestro cuerpo y si no es posible por su fuerza, sujetarlo con nuestras palabras y actitud de calma.  Otra posibilidad es que  los padres se marchen a dar un paseo para calmarse y volver a casa cuando la tormenta se haya calmado. Es después cuando se podrá hablar de lo que ha sucedido y poner los límites ó castigos necesarios pero cuando el cocodrilo esté ya en su guarido. Hacerle frente es malo para el adolescente y para el padre, ninguno va a salir vencedor, todos van a salir heridos. 

 

En tercer lugar es necesario bajar las expectativas. Los padres adoptivos solemos tener carreras universitarias y vemos a los hijos siguiendo nuestra estela, es un error tremendo. Es muy difícil para ellos seguir estudios universitarios de entrada porque por sus condición de abandonado  su desarrollo cerebral es muy diferente a un niño que ha sido traído al mundo con una bienvenida. Nuestros hijos vinieron al mundo con el signo de la despedida y del adiós y eso no determina pero si hace las cosas más difíciles. El cerebro reptiliano que es el encargado de actuar, el cerebro medio que alberga las emociones y el cerebro prefrontal que es el que piensa y decide no tienen pistas de conexión. Es como si en casa queremos tener unos ordenadores y dispositivos tecnológicos muy potentes y sólo disponemos de  una línea de internet muy estrecha. Imposible  hay que ampliar la banda……..y nosotros tenemos que mirar de otra manera el mundo y a nuestros hijos.  

 

Y a pesar de que para estos chicos la adolescencia es muy dura, para ellos y para nosotros es una segunda oportunidad. Podemos establecer puentes de comunicación estrechos con nuestros hijos.  El cuerpo para ellos en estos años se convierte en una nueva fuente de adversidad más que no pueden controlar, como si tuvieran pocas, el colegio, los estudios, las relaciones sociales….. ¿Cómo vamos a exigirles que estén calmados, sean obedientes, y sigan la norma de todos los demás?. Ya les gustaría a ellos no ser tan diferentes.

 

 

Pero por otro lado, lo que si remarcó  Vinyent Mirabent  es que no había que caer en las trampas de la adolescencia, es decir, cuando nos dicen: “no me queréis”, “no sois mis padres”, “os odio”, “salir de mi vida”, “me voy de esta casa”, “no sois mi familia” etc.... que ellos tan bien utilizan todos los días, no tiene otro objetivo que  buscar lo de siempre: reafirmación y seguridad.

 

 Con ellos ellos hay que rezar como un mantra todos los días también: “te quiero”, “si soy tu padre”, “si eres mi hijo”, “si somos tu familia”, etc…. Estas palabras les dan seguridad, aunque  ahora quizás no la veamos pero si la tendrán cuando ellos sean adultos. El cerebro es plástico y ya se han descubierto las neuronas espejos, esa es nuestra labor, servir de modelos para ellos. Es una labor que no se va a ver a corto plazo, pero si a la larga. Los padres adoptivos somos especialistas en esperar, pues ya sabemos.

 

Lo fundamental dijo Vinyent Mirabent es escuchar sus dolor, sus angustia, ó incluso su silencio, respetarlo, porque escuchar significa legitimitar al otro y darle su justo valor, porque en realidad la adolescencia es una nueva oportunidad que da la vida para rehacerse, tenemos que tenerle menos susto y más empatía, mas escucha ó más disposición a escucharlos. Esto les ayuda a construir una identidad más segura. La identidad se construye desde la piel, desde la caricia de la madre, que nuestras palabras sean caricias para ellos y nuestras caricias sean palabras no dichas pero si necesarias de sentir para poder vivir.  

 

Vinyet Mirabent explicó lo más importante a mi parecer y es que  la conducta es una trampa,  siempre hay una emoción escondida y esa es la que hay que tratar de sacar a la luz. Nuestros hijos se ponen el disfraz de erizos, pinchan por fuera, se enrollan sobre sí mismos como protección y defensa pero por dentro todos sabemos que son muy tiernos y sensibles. Algo que sabemos hacer muy bien los padres adoptivos es sufrir, pero también podemos hacer mucho más por ellos y es estudiar, formarnos, acudir a estas jornadas, ayudarnos los unos a los otros. En la adopción el amor es necesario pero no es suficiente. Qué nuestros hijos puedan algún día sacarse de encima ese disfraz de erizo y vayan por la vida a pecho descubierto sintiéndose orgullosos de ser quienes son: “personas especiales, maravilllosas e increíbles”.

 

Los que quieran profundizar en los temas de estas dos autores recomiendo buscar sus artículo en Internet, son de fácil acceso a través de Google.

 

Un abrazo a todos, nos vemos en dos años.

 

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LA ALERGIA A LA FRUSTRACIÓN EN NIÑOS ADOPTADOS POR CARMEN LAMATA MOLINA

 

Carmen Lamata Molina

En el campo educativo y psicopedagógico es cada vez más frecuente encontrar la expresión "intolerancia a la frustración" asociada a niños que tienen muchas dificultades para encajar una negativa a sus deseos y que reaccionan de manera inadecuada ante la no concesión de algo a lo que creen tener derecho o que abandonan un proyecto o tarea cuando se encuentran obstáculos que se lo dificultan.

En el ámbito de la adopción, siguiendo la terminología alimentaria, sería mucho más ajustado hablar de "alergia a la frustración" para tomar conciencia de los recursos, el cuidado y los ritmos que nos va a requerir la intervención, así como comprender mejor la causa e intensidad de las reacciones de estos niños.

Una alergia es una reacción o respuesta alterada del organismo ante una sustancia que pese a ser por sí misma inofensiva revoluciona el sistema inmunológico de la persona alérgica y hace que ésta cree mecanismos de defensa que llegan a ser incluso dañinos para ella. Los niños adoptados han pasado previamente por un proceso de abandono-pérdida de su figura de apego, han sufrido de manera extrema al romperse la continuidad del vínculo inicial y no han podido defenderse de ello, ni impedirlo. Ellos han vivido un hecho traumático en su desarrollo que desde luego les hizo verse desbordados de frustración. De ahí que en muchos de los casos desarrollan una especie de alergia a la misma, y en situaciones donde no logran lo que desean o pierden algo que esperaban tener entran muy rápidamente en estados de desesperación, enfado e incluso agresión o se encierran en sí mismos aislándose, disociándose o considerándose derrotados sin capacidad para seguir adelante con ello.

El aprendizaje que los niños adoptados deben realizar para tolerar la frustración no es equiparable al que realizarán la mayoría de niños antes o después en su desarrollo evolutivo. El impacto de la "herida primaria", como la califica Nancy Newton Verrier (2010), daña la confianza básica de estos niños y genera en ellos un sentimiento de rechazo y un dolor grande. Cuando estos niños experimentan después pequeñas dosis de frustración no la perciben de igual manera que otros niños. Ellos entran de golpe en un estado de desesperación que desconcierta a quien les observa. Cualquier detonante les hace revivir su pérdida inicial y actúan en consecuencia. No hay diferencia entre pequeñas frustraciones y un ataque brutal; ellos reaccionan de igual forma desplegando todo su sistema defensivo. Por eso cuando en situaciones típicas de la vida cotidiana estos niños se encuentran de forma inesperada con una frustración, padres y profesionales pueden pensar que no reaccionan de una manera lógica teniendo en cuenta su edad o las pautas educativas que les van proporcionando. Pero los enfados desmesurados, gritos, pataleos, tirarse al suelo, perder la mirada, atacar al adulto, protestar ante la injustica, o el victimismo y tristeza extrema están desvelando el impacto que dejó en el niño un trauma real.

Sobre este punto es importante hacer reflexionar a padres y profesionales de la infancia. Es necesario comprenderlo para poder trabajar después con los niños adoptados y que logren encarar la frustración de una manera más adecuada. Por ejemplo, situaciones como no lograr una medalla en una competición deportiva infantil, no ganar al juego de mesa, no poder seguir viendo la tele o tener que cambiar el plan de la tarde porque llueve y no se puede bajar al parque, pueden tornarse fácilmente en resortes para que la angustia del niño se dispare, pierda el control y entre en una espiral de rabia y agresividad destructiva. No podemos quedarnos en que, aunque el desenlace no es agradable, no está justificado que el niño actúe así y manifestar indignación por ello o rechazo, censurando exclusivamente su conducta, negando su sentimiento o advirtiendo de que tendrá una consecuencia negativa o pérdida de privilegio si persiste en su rabia. Es probable que pese a hacerlo el niño continúe o incluso eleve la intensidad de su enfado. Cuando tratamos con niños adoptados no va a ser muy práctico actuar de esa manera y en el mejor de los escenarios, haciéndolo el niño terminará por "tragarse" la frustración o evadirse, pero no habrá elevado su nivel de tolerancia a la frustración, ni aprendido a manejarse cuando los acontecimientos no siguen el curso que él esperaba.

No estoy defendiendo que se consientan reacciones desproporcionadas que son negativas para ellos ni que como han sufrido un trauma, los niños adoptados están condenados a no saber encajar jamás las frustraciones. Tampoco creo que haya que evitar que se frustren. No. Comprender el motivo de sus conductas no es tolerarlas ni ceder ante las mismas y cada episodio donde el niño se enfrenta con una frustración es una oportunidad de trabajo. La intervención se ha de realizar siempre desde un enfoque que busque la resiliencia de estos niños y que reconozca que la forma en que reaccionan ante los hechos puede evolucionar cuando se brindan los apoyos y recursos necesarios. Por tanto, la clave para comenzar a intervenir es conectar con el sentir interno del niño. Estos niños tienen grabado internamente lo cruel y dura que fue esa primera frustración y permanece en ellos gran parte del daño que les causó. No están dispuestos a aceptar nuevas frustraciones sea cual sea su magnitud y se defenderán ante ellas como si de una alergia se tratase. Nuestra labor como padres y profesionales es orientarles para saber cómo resolver mejor esas situaciones.

Al igual que si un niño presenta los síntomas propios de una alergia a un alimento no entramos a ver si es lógico o no que le dé alergia el huevo o la leche o el pescado ni tratamos de convencer al niño de que como a otras personas no les hace daño ese alimento a él tampoco se lo hará, cuando nos encontramos ante un niño herido que se ve desbordado por una frustración y está manifestando ira, enfado o desesperación, no será un buen comienzo cuestionar la forma de comportarse o culpabilizarles por ello. Hemos de desbloquear ese sistema de miedo y hacerles llegar muy claramente el mensaje de que queremos ayudarles a que lo hagan bien. El niño ha de sentirnos cerca y ver en nosotros un apoyo para salir de esa situación. Estamos trabajando allí donde es más vulnerable y serán necesarias intervenciones repetidas hasta que el niño integre que determinadas frustraciones no suponen un ataque real, ni un enemigo imbatible para su persona.

Para las alergias existe un protocolo básico de actuación en tres fases: abrir historia clínica, realizar pruebas cutáneas y trabajar con pruebas de exposición controladas al alérgeno, que al igual que funciona con el resto de alergias voy a proponer seguir en niños adoptados que reaccionan ante la frustración movilizando todo su sistema defensivo.  

En primer lugar, es necesario hacer la historia clínica. Cuando surge un incidente que desestabiliza al niño y observamos que éste empieza a desplegar conductas de enfado rabia, impotencia o cólera, conviene recordar que no está reaccionando de esa manera porque el hecho en sí lo justifique, sino porque para él, ese "no", le catapulta a esa pérdida inicial de su figura de apego y a sentir toda esa frustración acumulada. Esto nos ayudará a no poner el foco en la situación concreta sino en el niño. Ha de atenderse su dolor afectivo y el padre o profesional ha de sintonizar con su mundo emocional para poder ayudarle a retomar el control de sí mismo. El niño necesita percibir en el adulto un factor de apoyo y no un elemento más de ataque en la lucha que está llevando a cabo. En esta fase es de ayuda ponerse a la altura del niño, retomar o lograr contacto visual, mantener un tono de voz calmado, usar pocas palabras y mensajes claros, así como dar un tiempo al niño para que pueda bajar el nivel de activación que está significativamente alterado. En ocasiones cuando las conductas son muy destructivas el adulto ha de contener al niño como medio de protección o ha de poner distancia física pero siempre sin abandonarle y dejando claro que está acompañado y que deseamos prestarle ayuda.

En segundo lugar vendrían las pruebas cutáneas. Estamos en una fase de acercamiento donde se desea estabilizar al niño. Se trata ahora de ir ayudando al niño a conectarse consigo mismo, a entender y localizar sus emociones en su propio cuerpo y darse cuenta de cuál ha sido el estímulo o motivo que le ha hecho dispararse así. Es necesario que el nivel de angustia o cólera del niño haya bajado para poderle centrar en sus sentimientos y hablar con él sobre cómo reacciona y se siente ante la frustración.

Una vez que el niño deja de manifestar conductas inadaptadas se le reforzará por ello, se describirá la nueva conducta evidenciando los beneficios de la misma y se podrá introducir de nuevo la frustración que fue el detonante de su conducta para analizarla y darle un modelo al niño de cómo reaccionar ante ella o interpretarla de forma menos dañina. Estos últimos pasos serían ya parte de la fase de exposición controlada a la frustración.

Este sería el esquema de actuación para que, al principio con mucho apoyo externo y progresivamente de forma más autónoma el niño vaya integrando una nueva manera de reaccionar ante la frustración. Con cada nuevo afrontamiento hemos de repetir los mismos pasos. El nivel de intensidad de las reacciones inadecuadas irá bajando y será cada vez menor el tiempo que el niño requiera para estabilizarse. Justamente gracias a experimentar pequeñas frustraciones, el niño aprenderá que puede expresar disgusto o disconformidad de una manera adecuada y que no todas las situaciones suscitan en él el mismo nivel de enfado o tristeza. Logrará, terminando con el símil alimentario, digerir las pequeñas contrariedades de la vida cotidiana e incluso llegará a metabolizar y superar, si estamos dispuestos a acompañarle en el proceso, ese empacho de frustración inicial que provocó su alergia.

 

 

Carmen Lamata Molina

Doctora en Psicología Evolutiva y de la Educación

2016

 

 

 

 

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SOBRE LOS ORÍGENES DE LOS NIÑOS ADOPTADOS POR MAGDALENA JUAN

SOBRE LOS ORÍGENES DE LOS NIÑOS ADOPTADOS

Magdalena Juan

 

Los orígenes son lo más sagrado que existe para todo el mundo. De dónde venimos  tiene que ver con quién somos. Esto es crucial para la construcción de la identidad y la pertenencia, especialmente en la adolescencia. Los niños adoptados tienen unos orígenes que no coinciden con la familia adoptiva y por mucho que se quiera negar este hecho, para ellos es fundamental. 

 

Los padres adoptivos que pretenden hacer tabula rasa del pasado del niño, que tratan de que su identidad exista sólo a partir de la fecha en la que llega a la familia adoptiva (algo imposible), que no honran a la familia biológica por haberle dado la vida a ese niño o niña, que no homenajean a su país de origen y su cultura, que no quieren escuchar ningún relato del niño o niña porque lo que van a oír no les gusta -o entran en rivalidad con los padres biológicos.- le están negando a su hijo el derecho a ser quienes son.

 

Padres, madres o acogedores/as que niegan, minimizan o dicen que son imaginaciones del niño o niña cuando éste cuenta o narra algo traumático del pasado, sin receptividad empática, están impidiendo la sanación de su dolor emocional.

 

Acceder a cómo el niño se representa lo vivido, cómo lo narra, es fundamental para que además de nuestra receptividad empática le ayudemos en la reconstrucción de su historia con un relato desde una visión resiliente. Acompañarle en su dolor , rescatar los buenos recuerdos de su vida pasada, de su país, de sus olores, música, comidas, paisajes es fundamental para que él pueda integrar en sí mismo esos orígenes que tanto necesita.

 

Es cierto que muchos niños no quieren hablar de estos orígenes y hay que respetarlo pero haciéndole entender  que cuando él decida iniciar ese viaje necesario para construirse como un ser humano completo, nosotros como padres adoptivos, les vamos a acompañar y ayudar en todo lo que necesiten.

 

El encuentro con la familia biológica es un derecho de los hijos adoptivos, y la obligación de la familia adoptiva es facilitar y no negar esta posibilidad. No se pueden eliminar las piezas de un puzle que siempre estará incompleto sino se posibilita esta necesidad vital de todo niño adoptado. Los padres adoptivos jamás pueden entrar en rivalidad con los padres biológicos porque igual que una madre puede querer a dos hijos,  un hijo puede querer a ambas familias, y para él ser absolutamente necesarias las dos. 

 

Hoy en día hay una polémica semántica, ¿cómo llamar a los padres adoptivos?. ¿Adoptantes, padres verdaderos, padres legales?. En mi opinión esta cuestión semántica no anula la realidad, y es que el vínculo lo construyeron con unos padres y con otros aunque este fuera un vinculo destructivo y fue la  la crianza  a cargo de los padres adoptivos la que permitió en él tener un vínculo seguro necesario para todo niño. Pero el adolescente y el adulto adoptado que quiere completar el vacío de sus vidas tiene derecho a iniciar este viaje sólo ó acompañado por sus padre adoptivos. Esta necesidad  estará presente toda la vida y no vale negarla. 

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LA DEPRESIÓN POSTADOPCIÓN POR MAGDALENA JUAN

 

Magdalena Juan Ampuero

Este artículo me ha surgido a raíz de la lectura del libro “Mariposas en el corazón” (El Hilo Ediciones 2015) . Doy las gracias a las  madres que nos han contado sus experiencias íntimas  porque han  hablado sin pudor  de los momentos “desestabilizantes” que vivieron a lo largo del proceso, en la larga espera y una vez conseguida la adopción. A nadie se le escapa que la espera está llena de angustia e impaciencia, pero no se ha hablado mucho de la depresión postadopción.

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Adopcion 300

ADOPCIÓN VERSUS EMBARAZO POR MAGDALENA JUAN

La adopción todo el mundo sabe, es uno de los medios por los cuáles muchos padres optan para conseguir un hijo. La adopción Internacional, es un proceso largo, farragoso y cargado de momentos difíciles desde todos los puntos de vista implicados,  instituciones, países y familias. Hasta ahí todo normal. Esto es lo que sabe todo el mundo.

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